La ramita de Colibrí Lillith

"Sé tú mismo sin avergonzarte jamas de tus debilidades, ni de tus limitaciones, ni de tu origen, ni de tus capacidades. Sé transparente compartiendo con los demás tu yo profundo, tu rostro interior, tu vida genuina. Transparentar es ser lo más plenamente posible uno mismo ante la mirada del otro, sin máscaras." (El Club de los Poetas Muertos)

martes, septiembre 19, 2006

Salvando a Salvador

Cuando una película que se supone de denuncia, de recuperación de la memoria histórica, te deja frío e indiferente, sospecha. Cuando sales del cine recordando a penas dos o tres frases con contenido político de la misma película, sospecha. Cuando un personaje fusilado por el franquismo, libertario, anticapitalista, revolucionario, se nos presenta como un defensor de los valores democrático-burgueses actuales, sospecha. Así que, ya imagináis, nosotros salimos del cine sospechando. Habíamos pasado dos horas en las que no sentimos que debíamos luchar por un mundo mejor, en los que no vimos a un activista político ni una situación social y económica denunciable. Cualquiera diría que el sistema era malo porque fusiló a un estudiante que pensaba distinto.

La cosa no va así. Esta vez no cuela. Entendemos que el director de este film, los actores, los productores, quienes la patrocinan, en definitiva, viven en su paraíso neoliberal, capitalista, socialdemócrata; pero ése no sería el caso de Puig Antich. Puig Antich era peligroso para el sistema hace treinta años, y lo seguiría siendo actualmente para este sistema. Va más allá, va mucho más allá. No se trata de cambiar un perro en el poder, en la punta de la pirámide jerárquica, para poner otro con distinto bozal. Pero para ellos, que están tan cercanos a esta punta de la pirámide, eso resulta difícil de entender. Por eso nos presentan “esto”, pretendiendo demostrar que las luchas sólo tenían sentido cuando no nos encontrábamos en este paraíso neoliberal moderno, postindustrial, en el que las luchas como la de Puig Antich siguen teniendo el mismo valor y sentido que treinta años atrás.

Sin embargo, nos dan esta imagen vacía de ideas y rancia de inquietudes del joven Salvador. Es un niño bueno, guapo, justo, con moral y valores cristianos burgueses que, como es joven, quiere sentirse rebelde, y se junta con el MIL, un grupo de jóvenes delincuentes que atracaban bancos sin una base sólida. No vamos a creer esta farsa, esta imagen excesivamente manipulada, descafeinada y apolítica de la lucha anti-franquista. Esto no es una recuperación de la memoria histórica. Es un melodrama, una historia familiar, lacrimógena, morbosa, ambientada en los últimos años del franquismo; pero no es ni puede ser una película de denuncia, con contenido y mensaje político, y mucho menos revolucionario. Son simples anécdotas familiares, a menudo sin relación entre ellas, que sólo aportan una lenta simpatía por el personaje, para que el final nos resulte más trágico y soltemos más lágrimas.

Y, a pesar de todo, está en los cines, con la aprobación de miembros de la familia de Puig Antich, con gente muy poderosa y mediática detrás, con grandes jefes de medios de comunicación… y contra esto ¿quién puede combatir? La historia no es, la historia nos la construyen cada día, nos la decoran y pintan a su antojo los de siempre, los que tienen el dinero y los medios. Y esto, esta adaptación ridícula y manipulada de la realidad será lo más revolucionario que podremos ver en los cines, esto es lo que llegará a la gente con un mensaje progre y supuestamente radical y de izquierdas. Hay unas pautas de las que, por lo visto, no podemos salir.

Pero en fin, así es el capitalismo, que lo engulle todo para su propio beneficio. Incluso convierte las luchas de antiguos camaradas o activistas en otro triste espectáculo consumista de lágrima fácil, con un anulador de la memoria histórica incluido. Desde aquí, y con lo poco que puedo aportar, espero que salvemos a Salvador.