La ramita de Colibrí Lillith

"Sé tú mismo sin avergonzarte jamas de tus debilidades, ni de tus limitaciones, ni de tu origen, ni de tus capacidades. Sé transparente compartiendo con los demás tu yo profundo, tu rostro interior, tu vida genuina. Transparentar es ser lo más plenamente posible uno mismo ante la mirada del otro, sin máscaras." (El Club de los Poetas Muertos)

viernes, agosto 11, 2006

Contrátame, cómprame, consúmeme

Me llamo María P, tengo 19 años y vivo en Castellar del Vallés. Actualmente estudio 1º de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Tengo el bachillerato de humanidades, y he estudiado nueve años en una academia de inglés aunque todavía no tengo el título de FIRST Certificate. A parte, he hecho diversas clases y talleres de pintura, dibujo, cerámica, escultura, guitarra y teatro.

Como experiencia laboral, fui dependienta de un estanco el verano pasado; que, además, era papelería, perfumería y juguetería, por lo que no vendíamos únicamente tabaco y periódicos. A parte de eso, he trabajado como canguro esporádicamente y en una ocasión trabajé haciendo encuestas por la calle un fin de semana.

En informática tengo conocimientos a nivel de usuario (Microsoft Office e Internet) y mecanografía. Hablo y escribo a nivel nativo tanto el catalán como el castellano, en cuanto al inglés tengo un nivel medio-alto. No dispongo de vehículo propio ni carné de conducir, pero no me importa desplazarme siempre y cuando sea un lugar o un horario que pueda cubrir con el transporte público.

Me gusta el trato con la gente y aprendo rápido

El resto de candidatos siguen presentándose, jóvenes, inseguros, novatos, sin experiencia… como yo. Puede que seamos sólo unos adolescentes, fáciles de pisar y engañar, inocentes en este nuevo y precario mundo trabajos temporales y contratos basura. Sin embargo, todos conocemos ya el método a utilizar. No somos muy distintos de los vendedores que van casa por casa ofreciendo su producto. Y, mientras nos presentamos, vamos haciendo pausas para concentrarnos, escudriñando en nuestra memoria, recordando todos los títulos que tenemos, por muy insignificante que fuese el cursillo, o toda la experiencia laboral que acumulamos, por muy poco que duraran nuestros últimos trabajos. Es la ley del consumismo “cuanto más, mejor”; sin importar demasiado, claro, qué es en realidad lo que tenemos.

Y mientras recitamos nuestra apurada experiencia laboral, mientras nos esforzamos en decorarla con las mejores palabras que encontramos para parecer más atractivos y capaces, me pregunto cuánto tiempo de nuestra vida dedicamos a estas cosas. Y no me refiero al tiempo que nos tomamos en escribir un currículum, mandarlo y acudir a la entrevista. Me refiero, más bien, al tiempo que tomamos en ampliar nuestro currículum. Sabemos, desde pequeños, que el futuro lo marcarán los idiomas y las nuevas tecnologías. Por eso debemos ser personas formadas en idiomas y nuevas tecnologías. Debemos saber informática, inglés, algo de francés, mecanografía… Porque eso es lo que van a pedirnos el día de mañana.

Así, dedicamos nuestra niñez, nuestra adolescencia, nuestra juventud, nuestro “ocio”, nuestro tiempo en definitiva, a prepararnos para contentar a las futuras empresas que nos contratarán. Se trata de convertirnos en el producto que quieren que seamos y, para ello, malgastamos lo más valioso e irrecuperable del mundo: el tiempo. Pensándolo me horrorizo, y me horrorizan las horas que dediqué a esta empresa, en lugar de dedicarla a mí. Me horrorizan, más aún, los años que dedican muchos, con su carrera, con su ciclo de formación, con su máster, en vivir la vida que las empresas les preparan, en formarse como producto nuevo y listo para consumir, recién salido de la fábrica.

Un poco de orden y sensatez. Parémonos a pensar, con calma. Nuestra vida es nuestra, y somos libres de dedicarla a nosotros, y a los nuestros. Somos libres, también, de ser nosotros. Y podemos desmaquillarnos ya de sonrisas hipócritas, ropas socialmente aceptables y buenas palabras. Ellos buscan un producto y nosotros somos personas, creo que empiezo a entender porqué no nos llaman.