La ramita de Colibrí Lillith

"Sé tú mismo sin avergonzarte jamas de tus debilidades, ni de tus limitaciones, ni de tu origen, ni de tus capacidades. Sé transparente compartiendo con los demás tu yo profundo, tu rostro interior, tu vida genuina. Transparentar es ser lo más plenamente posible uno mismo ante la mirada del otro, sin máscaras." (El Club de los Poetas Muertos)

viernes, julio 21, 2006

¿Por qué las luciérnagas mueren tan deprisa?


“El día veintiuno de septiembre de 1945… yo morí”
Rei de Seita



- ¿Qué día es hoy?

Seita cae, desnutrido, en el suelo de la estación. Sus miembros le pesan demasiado para aguantar sentado. El cuerpo, esquelético, y débil, viste las mismas ropas con las que salió de casa años atrás. Ahora, son sólo harapos, putrefactos, sucios, hediondos. Las moscas se posan sobre su apariencia de cadáver, pero aún respira. Con la mirada perdida y la piel seca, aún es capaz de murmurar, por última vez, el nombre de su hermana. Setsuko.

- Vaya, otro muerto. Caen como moscas.

Un barrendero de la estación sacude el cuerpo sin vida con el palo de su escoba. Ya no respira. De su bolsillo cae una caja de caramelos, oxidada y agujereada, en la que guarda las cenizas de su hermana. El cadáver de Seita es uno más de las decenas de cuerpos caídos ese mismo día. Y su historia, una más de las decenas de historias con las que cuenta el Japón de la segunda guerra mundial.

Aún hay quien cree que las películas de animación son para niños, incapaces de tratar con profundidad y madurez los temas más complejos y duros de la vida. A todos ellos, debo decirles que se equivocan. La historia de Seita y Setsuko es real y conmovedora, a pesar de estar dibujada y no contar con actores de carne y hueso. Se trata de una historia cruda y tierna, sin efectos especiales, sin abusos de imágenes desagradables, ni demasiado azucarada para tocarnos la fibra. Es sencilla, sin decoraciones, sin artificios, y contada a la luz de las luciérnagas.

No es necesario conocer una guerra para saber que no queremos vivirla. El sonido de las sirenas, la gente gritando, histérica, mientras corre hacia el refugio, el zumbido de los primeros aviones sobrevolando los hogares, los primeros incendios, los primeros muertos… Ciudades arrasadas y, sobretodo, escasez. Entonces empieza la verdadera lucha por la supervivencia, cuando deja de dominar la razón para empezar a dominar el hambre.

Seita y Setsuko deciden ser autosuficientes. Ocupan una cueva cercana al río, y se construyen su nuevo hogar. Las luciérnagas se presentan como sus nuevas estrellas, iluminando los momentos oscuros… Aún así, Setsuko se pregunta ¿Por qué las luciérnagas mueren tan deprisa?



Este texto hace referencia a "La tumba de las luciérnagas" (Hotaru no haka), de Isao Takahata, 1988. No es una sinopsis, ni un resumen, ni una reflexión general. Son simples apuntes después de ver una de esas obras que te dejan muda.

miércoles, julio 19, 2006

Por favor, señora...

- Buenos días señoras y señores. Soy una pobre chica de la Rumanía. No tengo casa, no tengo dinero. Por favor, señores, una ayuda para comprar leche y pañales para mi niña. Por favor señores…

Los viajeros suspiran en sus asientos. Se miran sabiendo que todos piensan lo mismo. Hay una mueca general de hastío; la misma voz de la muchacha ya había sonado asidua. Se oye algún comentario, pero, en general, se opta por la ignorancia. Hay quien se hace el dormido, quien mira por la ventana, quien sigue conversando, indiferente, con su compañero… Abundan los desvíos de miradas, y los deseos de que se les deje tranquilos.

Y, mientras, la muchacha camina, con la mano tendida, de un lado a otro del vagón. Viste una falda larga y una camisa colorida. Toda ella es oscura: su pelo liso atado en una cola, su piel nítida y fina… No aparenta más de veinticinco años, y, a pesar de su mirada juvenil, revela fuerza y cierta seguridad. Agarrada con un brazo, lleva a su bebé, una niña de apenas un año. También es morena, y viste sólo un pañal blanco. Al llegar a la otra punta del vagón, apenas han recogido unos setenta céntimos. La muchacha se sienta dejando la niña en el suelo, y queda mirando por la ventanilla.

Creo que fue poco después, a penas sin darme cuenta, cuando quedé embobada viendo a la pequeña jugando y curioseando por el suelo del vagón. Inevitablemente, y como una reacción automática al ver un bebé, supongo que sonreí. Entonces, fui presente de una tierna y preciosa escena maternal. La muchacha cogió a la niña en dos brazos, la alzó delante suyo sonriente, agitándola para hacerla reír, y empezó a decirle palabras dulces en su idioma. Le sopló en la barriguita y la niña soltó carcajadas; la besó y la abrazó, a lo que la niña respondió con otro tierno abrazo.

Y, como si llegaran al final de su actuación, la muchacha volvió a sentar a su hija en el suelo, me miró fijamente y me hizo un gesto.
- Por favor, no tengo dinero.

No sé qué debería haber hecho.
Tan sólo susurré “Lo siento, no llevo nada…”.
Bajé la cabeza y volví a mirar el paisaje, tal y como llevaban rato haciendo el resto de pasajeros.

martes, julio 18, 2006

¿Una terapia?

Si se trata de hablar de mi estado de ánimo… debería describirlo como una rosa marchita.

Si se trata de reflexionar sobre mi futuro… la indecisión y la precariedad lo tapan todo.

Si se trata de contar qué cosas pueden alegrarme… habrá que buscarlas.

Si se trata de crear a partir de la nada… la nada lo llena todo.

Si se trata de querer, amar y conversar… tengo el corazón seco y frío.

Si se trata de pensar y ordenar ideas… diviso la punta de un hilo con complicados enredos hasta llegar al otro extremo.

Si se trata de construir el día a día… cada segundo es un instante menos de vida.

Si se trata de soñar… me oscurezco con pesadillas.



Si se trata de vomitar sinceridad… ya lo he hecho.
Y espero haber quedado algo más limpia después de esto, y sentir que se aleja lenta y resignadamente el pesimismo que no me dejaba ver más allá.

sábado, julio 08, 2006

Quizá debería recuperar mi libretita bloguera


Quizá debería recuperar mi libretita bloguera. Ni siquiera sé dónde la dejé, en algún trayecto de este último año se me volvió innecesaria, tal vez, y allá la dejé, arrinconada. Ahora me sorprendo a mí misma al recordar las historias, los cuentos y las reflexiones que me venían cada día, y que eran incluso dignas de ser apuntadas en aquella libretita. Pero vaya, se quedaron allí, frases y palabras sueltas, calladas sin poder expresarse más de lo que tienen apuntado explícitamente.

Y sí, pensándolo tengo la sensación de que son eso, ideas calladas a punto de explotar, ideas que esperan su oportunidad para ser explicadas y escritas con calma en una valiosa hoja en blanco. Sólo espero no haber olvidado los miles de pensamientos e historias que me pasaron por la cabeza con una sola palabra ocupando, ostentosa y subrayada, una página entera de la libreta. Sí, quizá debería recuperar mi libretita bloguera.

Esto no es señal de que he revivido el blog, más bien es una introducción, una pausa (otra, lo sé) para disponerme seriamente a volver a arrinconarme en mi ramita. Veamos si aún queda algo de mi yo creador, veamos si me veo capaz de volver a escribir, veamos si recuerdo cómo reaccionar frente a la hoja blanca, silenciosa, serena, imponente, del ordenador…