La ramita de Colibrí Lillith

"Sé tú mismo sin avergonzarte jamas de tus debilidades, ni de tus limitaciones, ni de tu origen, ni de tus capacidades. Sé transparente compartiendo con los demás tu yo profundo, tu rostro interior, tu vida genuina. Transparentar es ser lo más plenamente posible uno mismo ante la mirada del otro, sin máscaras." (El Club de los Poetas Muertos)

domingo, febrero 26, 2006

Dejen paso a Occidente


Dejen paso, que Occidente se levantó hoy soberbio,
como lleva levantándose desde hace unos cuantos siglos.


Cogió su pensamiento único e inimitable,

y se acerca a paso gigantesco y demoledor,

a pisadas de civilización avanzada con derecho a juzgar

con deber a juzgar y, sobretodo, de imponer.


Dejen paso, dejen paso, que Occidente sólo hay uno

y es el verdadero, el inigualable Imperio democrático


Es la cultura del Progreso, de la Ilustración,
es la única Sabiduría existente
La cultura verdadera, la cultura que todo lo sabe y a todos sitios llega

Es la cultura superior, única y desarrollada en el tiempo

que ha superado los obstáculos de la fe y la religión
para sumergirse en su etnocentrismo, en su culto a la ciencia

y a la Verdad
que sólo ellos conocen… y sólo ellos creen.

Dejen paso, que Occidente llega tutelando,

ayudando a los desfavorecidos que, pobres desgraciados,

se quedaron atrás en el Progreso,

que dejaron atrás en el Progreso,

que machacaron a limpio golpe de Progreso.


Todos quedaron atrás, pobres desgraciados,

que no conocen las ocho horas diarias de trabajo,
ni las televisiones de plasma o los móviles con cámara de foto.


Pobres infelices, que desconocen cómo funciona el mundo,

que desconocen cómo los ladrones de guante (y piel) blanco viven a costa de ellos.

Pero tranquilos, que ya llegó Occidente

para ridiculizar sus lenguas

para subestimar sus creencias y religiones,
para mostrarles que su cultura es inferior, primitiva,

e invitarles, felizmente, a adorar Occidente,

mientras se instalan en un McDonald’s con unas bambas Niké.


Nota: El texto es bastante espontáneo, así que seguramente lo corregiré dentro de un tiempo. Para los que no me conocen: NO soy relativista cultural, pero el eurocentrismo me desespera..

martes, febrero 14, 2006

¿Me lo ofreces?

Encarna llevaba el bolso medio colgando, de forma despistada, y la goma que le sujetaba la coleta iba resbalándose dejando sueltas algunas mechas de su pelo. La cabeza, recostada a un lado, apoyada en un brazo en el que llevaba el móvil, quedaba reflejada en la ventanilla del tren, que andaba ahora por túneles de qué importa qué parte de Barcelona. Tenía el rostro cansado y dormía agotada, indiferente a los desconocidos pasajeros que se sentaban a su lado. La otra mano, que había dejado caer en su rodilla de forma abierta y natural, la iba abriendo y cerrando, a modo de ejercicio para sus dedos por su reciente operación en la mano.

En este estado de tranquilidad y calma soñolienta, le sonó el móvil y, del molesto sonido, despertó de repente, confusa y perdida, con cara de recién levantada. Los pasajeros que la vieron no pudieron evitar soltar una carcajada amistosa al ver el sobresalto de Encarna. Ella devolvió la sonrisa tímida, estuvo un rato mirando el móvil, hasta que levantó otra vez la mirada hacia los desconocidos compañeros de viaje que aún la miraban con una sonrisa afable. Al devolver, por segunda vez, la sonrisa, se echó a dormir de nuevo, en la misma posición de antes, recostada por un lado en la ventanilla, y con el otro brazo caído encima de la rodilla, abriendo y cerrando la mano. Antes de que pudiera volver a cerrar los ojos, el hombre que tenía delante la interrumpió con un silencioso y amable “Disculpe”. Encarna le dirigió la mirada confundida, con un gesto abierto y atento con la cara.

El hombre debía tener unos sesenta años, alto y vestido con una formalidad descuidada, tenía el pelo blanco, la mirada serena, y unas entrañables arrugas al sonreír. “Me he fijado en los movimientos que hace con su mano, ¿está haciendo recuperación porque la operaron hace poco?”, ella asintió. El hombre rebuscó en su bolso mientras le explicaba que él también tuvo que hacer recuperación un tiempo antes. Entonces, del bolso, sacó una pelota blanda del tamaño de un puño “Mire, ésta es la que utilicé yo, tómela, ya verá como le va muy bien”. El buen hombre se la ofreció amablemente, y Encarna, como disculpándose, la cogió y la probó. “Vaya, pues sí que va bien, sí”, dirigió una sonrisa al hombre, quien, generoso y feliz, agitaba la cabeza en señal de ofrecimiento “Pero, quédesela, mujer, ¡ya verá como le será muy útil!”.

Ella rechazó la oferta unas cuantas veces, modesta y tímida, mientras que el hombre, sorprendido e insistente, le daba explicaciones sobre lo bien que funcionaba aquella pelotita. “Vamos, si yo no voy a usarla más, no la necesito para nada, mire, la llevaba aquí pero ya estaba para tirarla, así que, si la aprovecha alguien, mejor, ¿no?”. Finalmente, Encarna le sonrió muy agradecida, y se quedó con la pelotita murmurando un tierno “Muchas gracias”, a la vez que le sonreía, y veía cómo él se apoyaba en su asiento satisfecho.

Es curioso cómo cuesta quedarse los regalos inesperados y gratuitos de otra gente, aunque nos vengan bien, aunque los necesitemos. Así como años atrás solíamos ir a casa del vecino a pedirle sal o huevos, raramente se nos ocurrirá hoy en día llamarle para decir que nos sobra un cartón de leche que no vamos a gastar. Parece que este rancio individualismo nos ha llevado a un punto en el que nos molesta tanto pedir como ofrecer, como si pedir ayuda o, por el contrario, ofrecerla, fuese algo inmaduro y maleducado, algo que sólo hacen las personas que no saben manejarse por si mismas o que creen que los demás no saben manejarse por si mismos. A saber a lo que nos llevará el vivir tan encerrados en estas celdas a las que llamamos hogar, sin comunicación ni intercambio con nuestros propios vecinos ni amigos con los que no queremos mostrar nuestras debilidades cotidianas, como son que nos falte pan o nos sobre queso.

miércoles, febrero 01, 2006

Discurso de Pavel Vlasov


Este texto pertenece a la novela La Madre, de Máximo Gorki. Es el discurso final de Pavel Vlasov, el protagonista. No creo que estropee mucho la historia, sencillamente me parece un discurso emotivo y revolucionario, claro y humanista.

En definitiva, necesitaba ponerlo.

"Somos socialistas. Esto quiere decir que somos enemigos de la propiedad particular, que desune a los hombres, los arma unos contra otros y crea una rivalidad de intereses inconciliables; que miente cuando intenta disimular o justificar esta hostilidad y pervierte a todos los hombres valiéndose de la mentira, la hipocresía y el odio… Nosotros estimamos que la sociedad que considera al hombre únicamente como medio de enriquecerse es antihumana, que nos es hostil; no podemos admitir su moral de dos caras, su cinismo desvergonzado y la crueldad con que trata a las individualidades que se le oponen; queremos luchar y lucharemos contra todas las formas de sometimientos físico y moral del hombre empleadas por esta sociedad, contra todos los métodos que fraccionan al hombre, en provecho de la codicia…

Nosotros, los obreros, somos los que todo lo crean con su trabajo, desde las máquinas gigantescas hasta los juguetes de niño. Y nos vemos privados del derecho de luchar por nuestra dignidad humana; cada cual se arroga el derecho de transformarnos en instrumentos para alcanzar su propósito; queremos tener libertad bastante para que nos sea posible, con el tiempo, conquistar el poder. ¡El poder para el pueblo!
(…)

Somos revolucionarios, y lo seremos en tanto que los unos no hagan más que oprimir a los otros. Lucharemos contra la sociedad cuyos intereses tenéis orden de defender; y no habrá reconciliación posible entre nosotros hasta que venzamos. ¡Porque venceremos nosotros, los oprimidos! Vuestros mandatarios no son tan fuertes como se figuran. Las riquezas que amontonaron y que protegen, sacrificando millones de seres desgraciados, esa fuerza que les da poder sobre nosotros, hacen surgir entre ellos fluctuaciones hostiles y los arruinan física y moralmente. La defensa de vuestro poder exige una tensión de espíritu constante; y, en realidad, vosotros, nuestros amos, sois todos más esclavos que nosotros, porque vuestros espíritus están sometidos, mientras que nosotros no estamos sometidos sino físicamente. Vosotros no podéis libertaros del yugo de los prejuicios y de los hábitos que os matan moralmente; a nosotros nada nos impide ser interiormente libres. Y nuestra conciencia crece y se desarrolla sin parar; se inflama cada vez más y arrastra consigo los mejores elementos moralmente sanos, aun los de vuestro medio…

Advertid que ya no tenéis a nadie que pueda luchar en nombre de vuestro poderío con pensamientos; habéis agotado ya todos los argumentos capaces de protegeros contra el asalto de la justicia histórica; no podéis crear ya nada nuevo en el dominio intelectual; sois estériles de espíritu. Nuestras ideas, las nuestras, se desarrollan con fuerza creciente; penetran en las masas populares y las organizan para a lucha por la libertad, lucha encarnizada, lucha implacable. Os será imposible detener este movimiento, como no sea sirviéndoos de la crueldad y del cinismo. Pero el cinismo es evidente y la crueldad irrita al pueblo. Las manos que hoy empleáis para estrangularnos, estrecharán mañana nuestras manos en apretón fraterno.

Vuestra energía es la energía mecánica producida por el aumento del oro; os une en grupos destinados a devorarse mutuamente. Nuestra energía es la fuerza viva y sin cesar creciente del sentimiento de solidaridad que une a todos los oprimidos. Cuanto hacéis es criminal, porque no pensáis más que en sojuzgar al hombre; nuestro trabajo libertar al mundo de monstruos y fantasmas, creados por vuestra mentira, por vuestra codicia y vuestro odio. Pronto la masa de nuestros obreros y de nuestros campesinos estará libre y creará un mundo libre, armonioso e inmenso. ¡Y así ha de ser!
"