La ramita de Colibrí Lillith

"Sé tú mismo sin avergonzarte jamas de tus debilidades, ni de tus limitaciones, ni de tu origen, ni de tus capacidades. Sé transparente compartiendo con los demás tu yo profundo, tu rostro interior, tu vida genuina. Transparentar es ser lo más plenamente posible uno mismo ante la mirada del otro, sin máscaras." (El Club de los Poetas Muertos)

miércoles, diciembre 28, 2005

Diálogo más cercano de lo que parece


- Realmente, cuando uno estudia historia se cabrea eh.

- Ya ves, pero recuerda lo que nos dice siempre la profesora: hay que entender cada cosa según el contexto de la época, y entender la mentalidad de la gente y eso.


- Ya, ya, pero a veces cuesta tanto… ¡Miro atrás y veo tantísimas gilipolleces!


- Ala, no seas así tampoco, ¿a qué te refieres?


- Pues, por ejemplo, cuando en el Antiguo Régimen la Iglesia iba apoderándose de un montón de riquezas mientras los demás pasaban hambre. O cómo los nobles y los reyes podían poseer tal cantidad de tierras y lujos, sin que los campesinos, que eran los únicos que trabajaban, rechistaran. ¿Es que no lo veían que les estaban tomando el pelo? ¿No veían que los oprimían?


- Pues no, no lo veían… Piensa que había mucha ignorancia, tenían el coco muy comido y mira.


- Ya, cierto… pero no sé, ¿qué me dices de la Época del despilfarro?


- Bueno, sí, a eso yo tampoco le encuentro explicación.


- Es que es exagerado eh, ¿qué creían? ¿que serían los últimos habitantes de la Tierra?


- Je je, pues si creían eso, no iban tan equivocados…


- Es que manda huevos, ahí sí que no podían venir con la excusa de que no estaban informados o de que no había estudios científicos sobre la escasez de recursos naturales.


- Ya, desde luego, es bastante fuerte.


- Porque, además, no te creas que los tíos se reprimían eh? Que nos les importaba tirar de la cadena del váter cada vez que cagaban y malgastar litros y litros de agua limpia y potable, que ahora podríamos beber libremente ¡en lugar de vivir bajo esta restricción en la que llevan tan contabilizada el agua que consumimos!


- Ya, pero mira, al menos ahora se ahorra.


- Sí, claro, ahora, ¿y de qué nos va a servir? Ya ves tú qué les costaba hacer una cosa tan tonta como conectar la agüera de la ducha con la cisterna del váter, de modo que al tirar de la cadena aprovecharan el agua de cuando se ducha. ¿Qué les costaba eso, eh, qué les costaba?


- Pues por lo visto mucho, y mira que fue la época del boom inmobiliario en la que se construían pisos cada dos por tres, pero vaya, no sé, no lo veían.


- No lo veían, no lo veían… cuánto cuento. Es como el tema del petróleo, ahora funcionamos todos con transporte público que funciona con energías renovables, pero ¿qué me dices de esa Época del despilfarro en la que cada uno tenía su coche?


- Hombre, es que, por lo que cuentan, era muy cómodo.


- ¿Más cómodo que poder ir en tranvía leyendo o charlando, sin tener que prestar atención al exterior? Lo dudo mucho. Además, seguro que había unos atascos impresionantes.


- Sí, sobre eso he visto documentales, da pena verlo, realmente no sé cómo no se daban cuenta del gasto que suponía, la contaminación que causaban y el tiempo que les quitaba el ir en coche.


- Sí, sí, porque además no te creas que lo tenían como un lujo que utilizaban una vez a la semana eh? Era un lujo diario, ¡incluso para ir a la vuelta de la esquina a comprar el periódico utilizaban el coche!


- Menuda lástima, realmente, el montón de petróleo que quemaron con ese capricho de los coches…


- Sí, cuando debieron haberlo guardado como un tesoro, y, en lugar de eso, ala, a quemarlo.


- Ya, debieron creer que encontraríamos otras energías.


- Sí, claro, energías sí, ¿pero cómo sustituimos esa materia prima? Jolín, si hubiesen ahorrado ahora podríamos fabricar medicinas, en lugar de malgastar todo el petróleo en guerras para conseguir las pocas reservas que quedan.


- Bueno, eran otros tiempos.


- Sí, mejor no pensar en eso, total, ya no lo vamos a cambiar.


Nota: acepto aportaciones : )

viernes, diciembre 23, 2005

Vagar por el mundo, errar por las calles

Solitarios andáis vosotros, los sin techo, residuos urbanos, insectos de ciudad, sin que nadie se moleste ya en preguntaros por vuestro presente, por vuestro pasado, y mucho menos por vuestro futuro, totalmente negro y perdido. Tal vez algún día empezaréis a aparecer muertos por las esquinas, y alguien rebuscará vuestra cartera, en vano, para saber quiénes sois. Y no seréis nadie. No seréis nadie porque no poseéis nada, porque sobrevivisteis sólo con una manta, algún que otro cartón de vino, y la rancia caridad de los paseantes. No seréis nadie porque no tuvisteis nada, porque no figuráis como propietarios de nada, ni siquiera de las calles que siempre habitasteis. Vosotros que vivís con el único peso de ser alguien que no se ha forjado a base del trabajo, a base de consumir para ser, sino que os habéis forjado en el tiempo, en las largas horas de paciencia, de observar cómo avanza el mundo mientras vosotros no os molestáis en levantaros.

Y, al veros así, tranquilos, la única carga que os pesa en las espaldas es el desprecio, son las miradas de reproche de los consumidores, que andan atareados, celosos porque os sobra el tiempo y el descanso, mientras ellos llenan todas las páginas de su agenda, cada minuto de su reloj, en consumir, en poseer, en hacer, en comprar, en acumular; porque les enseñaron que eso es vivir. Mientras, vosotros os habéis apartado del camino, del rápido y ajetreado tren en el que vamos montados la gente cívica y legal, la gente socialmente aceptada. Vosotros, sencillamente, bajasteis del tren y os quedasteis a un lado para respirar, para tomar un descanso y observarnos con calma, sin entender muy bien porqué nos empeñamos en cargarnos de aparatosos bienes innecesarios. Vosotros, en cambio, aprendisteis la vida sin nada, en la que sólo estáis vosotros y lo que surja de vosotros, de vuestra relación con los demás, de lo que vosotros veis, oís u oléis, sin poder conservarlo en una fotografía, sin poder materializarlo en nada, enriqueciendo vuestra mente sin llenar vuestros bolsillos.

Hundidos en el mar de la abundancia, del todo nos sobra pero lo queremos todo, de vez en cuando añoramos tener un poco menos de todo y ser un poco más nosotros mismos. ¿Cuál debe ser el peso de cargarse únicamente a uno mismo? Existe la imagen de esta extraña libertad, el orgullo de cargarse a uno mismo, de forjarse a uno mismo, la libertad de no ser esclavo de nadie y, sobretodo, de nada. La libertad de no ser esclavo de una hipoteca, de un alquiler, del recibo del agua, el gas o la luz, no ser esclavo de una cama, de un televisor, de una escoba o un sofá… La libertad de vivir sin techo, la dignidad de no vivir para mantener lo que uno tiene, sino tratar de vivir manteniéndose sólo a uno mismo.

Y, detrás de todo esto, de toda esta retórica romántica, bohemia, de la idealización del trotamundos, del proscrito errante, soy incapaz de oír los rugidos del estómago, llorando, rabioso. Realmente, no sé qué se siente cuando el frío te persigue por las calles, cuando te para y te golpea en cada esquina, dejándote seco, inmóvil, sin poder mover los músculos, sin poder abrir los ojos llorosos al travesarlos el viento cortante del invierno. Desconozco los puños del hambre atacando al estómago sin piedad, consumiendo las fuerzas y debilitando las piernas sin voluntad para levantarse. Ignoro las caras de la gente, entre la que, muy a mi pesar, me incluyo, cuando al veros de lejos giran la cara, o arrugan la nariz con un gesto que muestra su desagrado, su profunda mezcla entre pena, compasión y asco que suscitáis entre ellos. Al fin y al cabo, sois nuestra antítesis, sois maleducados, vagos y malolientes. Sois indigentes, sucios y molestos, despojos de la sociedad.

Tal vez sea esta idea generalizada, esta idea en forma de ley que os convierte en delincuentes, en criminales, tal vez sean los prejuicios los que, llevados a un extremismo fanático, te llevaron en llamas a una muerte indigna, a unas últimas horas que nada tuvieron de relajadas ni tranquilas. Tal vez fue todo esto lo que te consumió en el fuego, fuego acompañado de unas risas juveniles y adineradas que te convirtieron en su juguete, en su pasatiempo. Ni siquiera derecho a un final feliz tuviste, después de tantos años de locuras, de frío, de hambre, de desprecio, de soledad.

Al morir, alguien preguntó por ti, pero, a diferencia de ellos, tú no poseías nada. Así que te miraron, rebuscaron tu cartera, tu DNI, tu identidad... y salió a la luz la crudeza de tu vida solitaria y gris en las calles, de una vida descarriada en una sociedad desigual en la que ¿quién fuiste? Nadie.

viernes, diciembre 09, 2005

Haz el amor y no la guerra

Suelo creer que cuando una persona da y recibe amor ya no necesita nada más. No hay mayor felicidad, mayor estado de ataraxia, de calma, de paz que el de tener la certeza de un amor verdadero. Creo también que la mejor forma de mostrar el amor hacia una persona es demostrarle que es lo único que necesitas. Por eso comprendo el porqué de la peculiar luna de miel de John y Yoko. El 31 de mayo de 1969, después de su boda, John Lennon y Yoko Ono se encerraron en la habitación de un hotel durante una semana, para su distintiva luna de miel y su original protesta por la paz. Hicieron vida durante siete cortos días (o siete largos días, según cómo lo sienta cada uno) en una habitación de un hotel, con la constante visita de reporteros y fotógrafos.

La imagen de esta pareja en pijama, con las largas melenas despeinadas y el sol entrando por la ventana, se me hace extrañamente familiar, acogedora. Los reporteros que entrevistaron a los músicos durante esos días destacan la hermosa burbuja en la que Yoko y John se encontraban. Tenían un mundo propio, en su cama; incluso comparable con una hospitalaria jaula sin barrotes, dentro de la cual sólo existían ellos dos. La naturalidad con la que Yoko y John vivieron esa semana resultó extraña a sus visitantes, escandalizados por la atrevida iniciativa que, a su vez, es tan natural, tan sana, tan, me atrevo a decir, ejemplar. “Haz el amor y no la guerra”, ése era el lema.

En esta parada en el tiempo de John y Yoko, en la que pareció que el mundo se detuviera, tuvieron tiempo suficiente para ser entrevistados, para opinar y hacerse oír. Su compromiso con la sociedad norteamericana, con la guerra del Vietnam y muchas otras es el compromiso que, ellos mismos dicen, debería tener todo el mundo. Es una cuestión de responsabilidad, porque, mientras no hagamos nada por impedirlo, todos somos responsables de lo que sucede en el mundo, de las guerras, del hambre… Somos responsables porque podemos evitarlo y no lo evitamos, porque la indiferencia es otra forma de ser cómplice de estos conflictos. “¿No creen que esto es perder el tiempo? ¿Tan seguros están de que algún día habrá paz?” Lennon se echa a reír. “Claro que habrá paz.”, y lo dice tan seguro que Yoko asiente con él, “Sólo hace falta cambiar la mentalidad de la gente, la paz es necesaria y llegará, hace falta creer en ella.”

El último día de aquella semana, John despertó inspirado. En unas cartulinas empezó a escribir “Remember love” y “Give peace a chance”. Aquella noche la habitación se convirtió en un improvisado estudio de grabación. Lennon cogió su guitarra, y alrededor de la cama se sentaron estudiantes, jóvenes, reporteros, fotógrafos, curiosos… Y cantaron aquella nueva canción, inédita, nacida de una semana de tranquilidad, de cama con Yoko, de pijamas, blancas sábanas y entrevistas. Lennon llevaba barbas y cabello de Jesucristo, llevaba una guitarra y paz en sus palabras, llevaba un nuevo canto, tan nuevo y, a la vez, tan necesario. “Ya verás, será genial” dijo esa noche Lennon a Yoko, cuando en la habitación sólo quedaban los restos de una experiencia casi mística, de corazones cantando por la paz, de sueños creciendo a la luz de las estrellas, de nuevas flores lanzadas a los fusiles de los militares.

Será genial... La canción de Lennon, “Give peace a chance”, se convirtió en un himno en todas las manifestaciones pacifistas que siguieron. No ha dejado de sonar ni siquiera esta última década, porque tampoco han dejado de sonar las bombas, los tanques, la guerra. “No decimos ‘¿Por qué no dais una oportunidad a la paz?’, no, decimos ‘Dad una oportunidad a la paz’, es una orden, una necesidad”, dijo Sean Lennon, hijo de John y Yoko, en 1991, durante la Guerra del Golfo.

Será genial… Será genial cuando nos levantemos todos, un buen día, incluídos civiles y militares, hombres y mujeres, ricos y pobres… Y decidamos que, en lugar de salir de casa a hacer la guerra, nos quedaremos en la cama haciendo el amor.

viernes, diciembre 02, 2005

¡Sois como la República!



Como palabras de ánimo, de confianza, como producto del cariño que se formó a lo largo del curso, una profesora nos recordó, poco antes de la Selectividad, que nosotros éramos “la República”. ¿La República? Sí, la República: la República nuestra, la República de la construcción, de la esperanza, de la ilusión. “Sois como la República”, nos decía, “lo tenéis todo por hacer”. Desde que lo dijo, siento una responsabilidad más grande sobre mis hombros. Gracias a (o por culpa de) ello tengo distintas y nuevas expectativas, distintos objetivos, y no puedo pensar en nada sin pensar en todo un poco.

En un precioso acto de esperanza y optimismo, nuestros maestros nos toman por la primavera de la humanidad, y me gusta creer que lo somos. Porque, como la primavera, florecemos y, al florecer, llenamos de aromas el aire. Como la primavera, somos inevitables, cíclicos, y, cada cierto tiempo, nacemos nuevos y fuertes. Como la primavera somos los jóvenes, virginales e inquietos, pobladores de pasillos de universidades, rebeldes y conmovidos. Casi olvidamos que somos los hombres y las mujeres del mañana. El mundo estará en manos de algunos de nosotros o, si todo va bien, en manos de todos nosotros.

Esperamos en modestas crisálidas, inmaduras, inseguras. Y, desde nuestro humilde rincón de inexpertas mariposas, nos preparamos para dar la bienvenida al futuro, para renacer eficaces, limpios, fuertes; para renacer y empezar otra nueva era, otro nuevo mundo. La historia la podrán marcar nuestras conciencias, la podremos seguir con nuestros corazones. El futuro somos nosotros, la historia se construirá con nuestros actos, con nuestras mentes y nuestras voces. Tenemos las manos vacías, y sanas, y con ellas podremos alzar monumentos, podremos alzar hogares seguros, podremos alzar escuelas y hospitales, corazones y sonrisas, nuevas fiestas y canciones.

Decidme si no es hora, ahora, de tomar conciencia. Decidme si no es el momento de limpiarnos, de formarnos, para que, cuando, inevitablemente, nos llegue el momento de heredar la Tierra, sepamos conducirla y amarla como se merece. Me creo consciente de mi fuerza, de la fuerza de mis manos, de mi voz, de mis ideas y de mis sentimientos. Me creo valiente, fuerte, segura, joven, floreciente, nueva, limpia, nítida… Y creo en mis manos trabajando junto a otras manos, en mi voz cantando con otras voces, en mis ideas construyendo con otras ideas, en mis sentimientos alzándose con otros sentimientos. Creo en la increíble y asombrosa fuerza de la juventud, fuerza sobrenatural, fuerza salvaje e imparable.

Nuestras vidas son el barro para moldear un futuro, para forjar nuevos tiempos que, creedme, vendrán. Me gusta sentirme como la República, con ideas, con ilusiones, con esperanzas, con sueños… pero, sobretodo, sobretodo, sobretodo, con optimismo. Y, para ello, no es necesaria sólo la confianza de nuestros padres en nosotros, sino la confianza de nosotros en nosotros mismos, en nuestro futuro común, y, espero, mejor.

Nota: No quiero que me acusen de plagiadora, así que voy a revelaros mi fuente de inspiración para algunos fragmentos, frases o figuras de este texto. Se trata del poema de Gioconda Belli "Amo a los hombres", en el que dice:


"Amo a los hombres
y les canto

Amo a los jóvenes,
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
(...)
Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,

la importancia que tiene tu existencia,
la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
(...)"

Es un poema largo, así que os dejo sólo estos fragmentos. Debo decir que es de mis favoritos, y recomiendo leerlo.