La ramita de Colibrí Lillith

"Sé tú mismo sin avergonzarte jamas de tus debilidades, ni de tus limitaciones, ni de tu origen, ni de tus capacidades. Sé transparente compartiendo con los demás tu yo profundo, tu rostro interior, tu vida genuina. Transparentar es ser lo más plenamente posible uno mismo ante la mirada del otro, sin máscaras." (El Club de los Poetas Muertos)

domingo, octubre 23, 2005

La música amansa las fieras


El atasco matutino le daba la bienvenida en la carretera. Las siete y media de la mañana en pleno octubre: frío, luna llena, oscuridad, lluvia… y muchos, muchos coches. Pitos, ronroneos, insultos, gritos, suspiros, golpes… Toda una muestra de la desesperación, del estrés de los trabajadores que cogen cada día su coche, solos, y viajan, solos, con prisas, y tremendamente irritados. Mar ya hace tiempo que decidió abandonar ese modo tan malsano de recibir el día. No quiere ser otra conductora más, encabritada, impaciente y quejica.

Mar está en el atasco, pero lo recibe como si no existiera. Acoge a la perfección, sin embargo, la música de Vivaldi vibrando al máximo en sus altavoces. Quedan entelados los cristales que la comunican con el día a día de la ciudad. Se crea un mundo dentro de su vehículo. Un mundo de violines, de clarinetes, de piano… suaves, pero poderosos. Acuden vibrantes y melodiosas las notas a sus oídos. Sinfonías acarician su cuerpo, la calman, la lavan, la vuelven nueva. Por unos momentos, Mar se siente etérea, se siente flotante, espiritual.


Balancea la cabeza de un lado a otro, cierra los ojos, suspira, y tararea para ella las dulces melodías. Vacía el ambiente de estrés, del tictac de las agujas del reloj, de la monotonía de lluvia tras los cristales. La envuelve la música, y la mece, vaporosa, como a una pluma. Renace, en cierto modo, a mundos sin coches. Renace, en cierto modo, a su naturaleza. Se alegra, por momentos, de que nada tenga sentido, su trabajo, el atasco, el tiempo… de que todo sea tan artificial, tan simplón, tan poco importante… tan poco importante como para poder dar importancia a su Vivaldi, a las melodías sonando y paseándose por sus oídos, por su vehículo. Melodías transparentes, sanas. Melodías que se calan, armoniosas, en su cuerpo de mujer rejuvenecida.


Con Vivaldi se nutre Mar cada mañana. No sólo la despierta, sino que además la lava, la sanea por dentro y por fuera, la llena de calma, le da energía, y la libera de las tensiones matutinas. Vivaldi es la pequeña droga de Mar, que la aliena de los atascos, o tal vez Vivaldi la hace volver a la realidad, después de estar alienada en un atasco. Y le hace ver, así, con notas, con sinfonías, le hace ver el lado bueno de la vida.




Por eso, ayer, una servidora, con un vagón para ella solita en la RENFE, se volvió optimista de repente. Entendí, al fin, porqué ponen música clásica en el tren. Tal y como descubrió Orfeo, la música amansa las fieras, y yo añado que levanta corazones. El Canon de Pachabel me hizo recordar la sensación de sentirse sublime, de sentirse lleno, puro, simple, natural, feliz... Todo, todo, todo. Y tarareé en voz alta, lo reconozco, no me oía nadie.

3 Comments:

  • At 10/23/2005, Anonymous I Fought The Law said…

    Espero que con el regalito que he recibido de cumpleaños, eso que dices se convierta, en mi caso, en algo cotidiano. :)

     
  • At 10/23/2005, Anonymous Cristian said…

    Per variar,m´he emocionat.K deu de tenir la musika, k es kapaç de portar-nos a un mon apart.K es kapaç de traslladarnos al nostre propi univers.A un mon on solsament existim nosaltres i la musika.Entenc molt be kom t´has sentit en akell vagó de tren, pq jo dins el meu cotxe m´he sentit així infinitat de vegades.Kontinua escribint i expressan-te kom ho fas.
    1 Petonas

     
  • At 10/24/2005, Blogger Txiqui said…

    Como siempre, te vuelves a superar a ti misma en un nuevo articulo con más belleza y sensibilidad. Eres un sol.
    A mi tambien me gusta mucho escuchar la musica en los vagones de Renfe cuando van casi vacios. Y el Canon de Pachabel es... ains...

     

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